Casi a cualquier persona que preguntes sobre el angelote te puede decir que algo ha escuchado al respecto. Tal vez que es una especie de tiburón que ha mordido a alguien en la playa o para los más al tanto, que es una especie de tiburón que cría en algunos lugares de Canarias y concretamente en la playa de las Teresitas. Y es cierto, alguna vez ha mordido a alguien y efectivamente las madres tienen como único lugar para dar a luz, estacional y documentado, en la playa de las Teresitas.
La primera vez que leí que había angelotes en la playa de las Teresitas pensé que sería un hecho esporádico. Algo que se había dado puntualmente pero que de ninguna manera sería un hábito de este increíble animal. Sin embargo, cuando aparecieron las noticias de pequeñas mordeduras (más bien raspones) en los tobillos de personas que los pisaban al caminar dentro del agua, pues empecé a pensar que de verdad eran más frecuentes de lo que creía. Y resulta que sí...
Mi primer encuentro no lo podré olvidar. Era mayo, con la playa llena de gente y de repente, probablemente asustado por el pisotón de algún bañista, lo vi nadando, con ese contoneo de bailarina, hasta posarse en el fondo arenoso y deleitarme con uno de los trucos de magia más bonitos que he visto. Con unos cuantos aletazos y una sacudida final, desapareció ante mis ojos, no quedando más rastro que sus dos diminutos espiráculos asomando como dos rayitas casi imperceptibles en la arena.
Hay que decir que esos bebés no los trajo la cigüeña, sino una adulta y bien desarrollada mamá angelote que en algún momento entró por la bocana del rompeolas y dio a luz de 7 a 25 (según los estudiosos) angelitos. También hay que decir que las gafas de buceo magnifican lo que vemos debajo del agua. Así que si sumamos las dos circunstancias anteriores tenemos un susto de infarto, que fue el que me llevé la primera y única vez que vi una mamá angelote en el fondo, no lejos de la orilla. Ni que decir tiene que salí nadando "como quien ve un tiburón" hasta la orilla. Sin embargo, la emoción pudo finalmente con el miedo y volví al sitio donde estaba para hacerle unas cuantas fotos, siempre guardando una distancia prudente con el escualo.
Hasta ahora he visto angelotes todos los años. La época más frecuente es desde final de primavera y a lo largo del verano, aunque hicimos un avistamiento en enero. Cierto es que vamos al mar con menos frecuencia en invierno, así que no sé si nuestra percepción se corresponde fielmente con la realidad. En cualquier caso, siempre es una agradable sorpresa encontrarte con alguno.
Como recomendación te diría que entrenes el ojo a ver su silueta enterrada en la arena. Las rayitas de los espiráculos delatan su presencia una vez que detectemos una forma sospechosa de ser angelote. Sí te pediría que aunque estés tentado de molestarlo para verlo nadar, no lo hagas, por dos motivos. Uno es que puedes tener la mala suerte de que se revuelva y te muerda (nada grave, pero sí un susto) y lo segundo y para mí más importante, es que pongo por delante el bienestar del animal que satisfacer mi curiosidad y si bien puede volver a enterrarse en otro lugar, no deja de ser un esfuerzo para una cría que apenas está comenzado a alimentarse y cualquier gasto energético extra puede suponer, aunque sea pequeña, una probabilidad menor de supervivencia en esta etapa tan frágil para el recién nacido.
Existe un programa que estudia el desarrollo de los angelotes y su presencia en Canarias (https://angelsharknetwork.com/canaryislands/). Podemos colaborar con ellos informando del avistamiento de algún angelote.

